Para mí una de las cosas más importantes que puede tener una persona es honor, pero... ¿qué es el honor? La RAE lo define como: "Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo". Yo estoy de acuerdo con esa definición, ya que ser fiel a tus valores morales es algo que una persona debe portar con todo el orgullo del mundo. Esto, aunque parezca que todo el mundo lo tiene, la realidad me hace ver que no es tan así, y ahora os voy a contar algo que ha sucedido de verdad.
El pasado 25 de Agosto yo me enfadé mucho con las personas que aplaudieron a Luis Rubiales tras el abuso de poder que había cometido con Jenni Hermoso al darle un beso no consentido en los labios. Bien, recuerdo que aquel día mi padre dijo: "todo el mundo tiene un precio". Ahí me di cuenta de una cosa: mi padre no me conoce en absoluto. Y lo digo en serio, ¿eh? Mi padre se equivoca al pensar que todo el mundo tiene un precio... ¿Por qué? ¡Porque yo no tengo un precio! Evidentemente cuando digo que no tengo un precio, me refiero a ir en contra de mis valores, como hizo, por ejemplo, Luis de la Fuente y Jorge Vilda al aplaudir el discurso de Rubiales. Y es que yo estoy casi segura de que Luis de la Fuente y Jorge Vilda aplaudieron el discurso de Rubiales porque él era su jefe, amigo o lo que sea. Lo que pretendo decir es que una persona no debe ir en contra de sus valores por mucho dinero que el jefe te dé en tu trabajo o por mucho que sea tu amigo: ¿dónde queda el honor?
Si a mí el día de mañana me dicen: "Patri, te ofrezco un millón de euros si defiendes el tuit de Mikel Camps". Yo le respondería: "Jamás defenderé a una persona que incita el odio". Para la gente que no lo sepa, Mikel Camps es un directivo del Barcelona que ha actuado de una manera muy asquerosa con Vinicius sin venir a cuento diciendo lo siguiente: "No es racismo, se merece una colleja por payaso y vacilón, qué representan estas bicicletas innecesarias y sin sentido en el centro del campo". Aquí el tuit:
Lo que quiero decir con esto es que yo no me vendo. Mi honor no se vende. Si me ofrecen un millón de euros por otra cosa como teñirme el pelo de color rosa o raparme una ceja... pues lo haría porque eso no me importa, pero... ¿ir en contra de mis valores? Eso jamás lo haría. Nunca jamás me veréis arrodillarme ante una persona de alta alcurnia; tampoco me veréis aplaudir a algo moralmente asqueroso; ni tampoco me veréis recular si considero que estoy actuando bien. Yo soy como soy, y por eso siempre voy a tratar de hacer lo correcto sin corromperme. Es una pena que muchas personas sí se corrompan por dinero, fama u otros deseos personales, pero yo eso jamás lo haré.