Debo confesar que el unicornio era un animal que no me enamoraba. Sí, me gustaba, pero no me enamoraba. ¿Cuándo me empezó a enamorar? Hace mucho tiempo tuve un sueño relacionado con este ser mitológico y ahí lo cambió todo. El sueño fue así:
Era una cálida noche de verano, yo estaba cerca de mi casa hablando de temas triviales con mis vecinos. Cuando menos lo esperé, vi a unos veinte metros un unicornio con un pelaje totalmente blanco y unos ojos negros penetrantes. Aquel unicornio empezó a correr directamente hacía mí con una velocidad asombrosa. Yo, como era evidente, me asusté. Mi primera idea era esconderme, pero no me daba tiempo a reaccionar, aquel unicornio era extraordinariamente veloz. Cuando estaba a apenas un metro de distancia sobre mí, aquel unicornio blanco comenzó a desvanecerse dejando una enorme brisa y, sin explicármelo, desapareciendo por completo tras haber llegado hasta mí. Instantes después, me di cuenta que algo había en mi espalda: tenía un tatuaje perfecto y muy realista de aquel unicornio blanco.
Así fue el sueño y, sinceramente, no me lo tomé como algo malo. ¡Al contrario! Lo sentí como si aquel unicornio me hubiera elegido para querer formar parte de mí, y eso lo vi muy bonito. Hace más o menos dos años puse una imagen en mi instagram de un unicornio blanco (como en el sueño) y escribí lo siguiente: